Un producto hecho historia. Chocolates Matías López.

La empresa, recibe el nombre oficial de “ Chocolates y Dulces Matías López”. Su fundación se remonta a 1851 por Matías López y López. Matías nacido en Lugo( Sarria)  se trasladó a Madrid en 1844. Matías llegó a Madrid en una caravana de comerciantes, inició sus estudios nocturnos de francés, administración y matemáticas. Además trabajaba en un obrador. La leyenda familiar dice que para ahorrar dinero dormía bajo el mostrador del obrador en el que trabaja. 

Durante 7 años estuvo trabajando en el obrador y en 1850 se independizó gracias a que había conseguido ahorrar una cantidad de 6000 reales.  Abrió su primera tienda en la calle Jacometrezo, donde vendía chocolates, comestibles y seda. En 1851,fundó su primer Obrador, situado en la calle de los Tudescos, donde usaba un molino artesano movido por caballerías.Nace entonces lo que hoy se conoce como Chocolates Matías López. Iniciaba una negocio exitoso gracias a sus conocimientos tanto de la industria como del producto y a su actitud austera y trabajadora. En 1855, había adquirido definitivamente la propiedad del taller de Tudescos. Más tarde trasladó esa actividad a la calle Jacometrezo. 

En España ya poseía una larga tradición popular el chocolate. El chocolate suponía una bebida caliente de consumo habitual entre el clero y las clases medias. A pesar de ello la situación era que, se elaboraba en pequeños talleres familiares, donde se usaban métodos  muy rudimentarios : moler el cacao a mano en metales, morteros de piedra tallada….

Matías, decidió seguir los pasos de Jaime Méric Saisset, que fue el primero en crear la primera fábrica española que producía chocolate modernamente. A través del uso de la máquina de vapor, así como de cilindros amasadores de refinado, todo ello en sustitución de los metales y muelas de molino. En 1858 viaja Francia, donde trabaja con la nueva maquinaria, con el objetivo de implantarla en su negocio. 

Él sabía que los avances que conocería en Francia podría obtener un chocolate más puro, poder presentarlo en formato sólido, etc. En definitiva, podría lograr diversificar la producción.

En 1861, estableció una nueva fábrica en la calle de la Palma, donde fijó también su domicilio. La fábrica poseía una máquina de vapor de 15 cv de potencia y aparatos de moler que estaban hechos de piedra. 

En 1863 sus productos fueron premiados en la Exposición Internacional de Londres y fue nombrado proveedor de la Casa Real española. Y un año después ya vendían en 700 puntos de Madrid.

En 1866, se hizo con un terreno en la calle Palma, donde había estado la Real Fábrica de Cera, para erigir una nueva fábrica, debido al incremento de la demanda.

En 1874 se hizo con la mayor parte de las acciones de Alianza Industrial, una fábrica de azúcar perteneciente a Rafael Taboada y Compañía y situada en el municipio madrileño del Escorial. La nueva fábrica se encontraba al lado de la estación de ferrocarril, lo que favorecía el abastecimiento de materias primas y la salida de productos.

Matías instaura definitivamente en 1875 una fábrica a vapor para elaborar chocolate a gran escala y sin necesidad de tener que contar con obradores artesanales. Podemos hablar de una auténtica revolución, pues en ese momento apenas se elaboraba en grandes escalas. En definitiva, supo adelantarse a lo que ocurriría en  un futuro próximo.

La fábrica de el Escorial comenzó a funcionar en 1876. A principios de la década de 1880 la factoría producía 1600 libras de chocolate, abasteciendo a más de mil puntos de ventas en Madrid y otros 200 en el resto de España. También exportaba a las colonias españolas y países europeos.

Matías tuvo que hacer frente a los aranceles proteccionistas que gravaban sus productos. Entre 1883 y 1887, había pagado 971 mil pesetas en impuestos a la importación de cacao a través de la Aduana de Santander. Por esa razón pidió a hacienda que le devolviera entre 53 y 65 céntimos por cada kilo. La dirección general negó su petición, alegando que los demás fabricantes deberían tener el mismo derecho y eso afectaría a las arcas del Estado. Además,la industria del chocolate no era tan potente para el Estado como para ser incluida en las excepciones encontradas en la ley bajo la que buscaba amparo. 

En 1891 muere dejando el negocio que había constituido a sus herederos, que tras pasar numerosas vicisitudes tuvieron que cerrar.

El uso de la publicidad fue una de sus estrategias más innovadoras a lo largo de toda su carrera industrial. Fue capaz de llevar a cabo técnicas de marketing, publicidad y  campañas  muy avanzadas para la época , entre las que podemos destacar:

  • Sus empleados y su esposa iban a pedir en las tiendas de ultramarinos los chocolates de la marca. Esta acción se realizaba cuando el producto no estaba todavía en el mercado, era fantasma. Lo que buscaba es que al pedirlo de forma insistente, se le quedara grabado en la memoria del tendero. Así, cuando ya el producto  estaba producido, Matías se presentaba en los ultramarinos ofreciéndolo. Los tenderos en ese momento pedían grandes cantidades. Argumentaban que había una cantidad de gente que se lo pedía y no podían prescindir de él.
  • En la época en la que empezó con la venta del chocolate, el 50% de la población era analfabeta. Por eso vio que tenía que vender su producto a través del uso de imágenes, para que no hiciera falta leer para entender cuál era su producto. Para ello contactó con un litógrafo madrileño, para que junto al dibujante Francisco Ortega Vereda dieran lugar el primer cartel publicitario de España y que fue conocido popularmente “ Los gordos y los Flacos”. El anuncio mostraba una misma pareja, con dos aspectos totalmente distintos, uno en el que estaban muy delgados y otros muy gordos y cada uno lleva unas leyenda “ Antes de tomar el chocolate López” y “ Después de tomar el chocolate de López”. 

Matías empleo numerosas ilustraciones tanto en envoltorios, como en tarjetas, cromos, álbumes, calendarios o porcelanas.

  • También tuvo muchos anuncios en prensa nacional, apareciendo junto al lado de la Compañía Colonial, su principal competidor. Buscaba transmitir los valores sobre los que se cimentaba el negocio: un consumo de chocolate de calidad para las economías más populares y desfavorecidas. Para el negocio se traducía en ganar poco, aunque no afectaba de forma muy negativa ya que se notaba sobre todo la pérdida en unidad por producto. Eso sí, favorecía y de forma muy clara lo de “ ganar poco” en crear una buena imagen del fabricante,  ya que lo presentaba como una persona que no era codicioso y que está más preocupado por la excelencia del producto que por otras cosas.
  • Su publicidad se hizo tan famosa en el siglo XIX,  que dio lugar incluso a un pasodoble y que se convirtió en el himno de la compañía. El pasodoble( una parte del mismo): Brilla el sol de España como maravilla,/Y en suave caricia de luz y color,/En una aureola, va forjando el nombre/De Matías López, la industria mejor./Es que aquellos tiempos que alegres pasaron,/El símbolo e imagen del gordo de ayer,/Que mira orgulloso al flaco inocente,/Que un buen chocolate nunca lo probó./El chocolate Matías López,/En el mercado no tiene igual(…)

El valor publicitado también se encontraba tanto en la propia persona de Matías como en su dilatada experiencia, su conocimiento y vigilancia de los pequeños detalles durante la elaboración. 

Por último, tampoco podemos olvidar, que también tenía mucha importancia, a la hora de publicitar sus productos, la calidad y la continua alusión en anuncios y etiquetas a los premios concedidos a los mismos en exposiciones y certámenes, tanto en España como en el extranjero (Gran Bretaña, Francia, Portugal, Italia, Austria, EEUU).

En el siglo XIX eran muy usuales los carteles, las tarjetas comerciales  pero, sobre todo era muy usual los productos marcados o etiquetas xilográficas.En este periodo lo que más abundaba, en España, eran los mosaicos anunciadores, que se usaban para ilustrar las fachadas dando lugar a una combinación única  de cerámica artesanal y estrategia mercantil. 

En la publicidad española del siglo XIX predominaba la imagen más que el texto. Se debía fundamentalmente, como he comentando anteriormente, a que una gran mayoría de la población era analfabeta. Eso hacía que el anuncio estándar fuera un ilustración muy llamativa con una información básica sobre el producto : el nombre,donde se encontraba la tienda, lugar de origen, etc. Se hacía necesario que la imagen fuera capaz de captar el interés del público.

Por esa razón, la de tener que llamar la atención de un público, que era más visual que lector hacía, según mi punto de vista, que los anuncios de esa época estuvieran formados por ilustraciones de una gran calidad y una gran variedad de color.

Sorprende como la publicidad era mayormente a través del uso de la imagen, aunque ya existiera la fotografía. Pero no es algo que fuese único en el país, pues la fotografía no se empezó a usar hasta el periodo de entreguerras. Es interesante ver como una técnica que antes era tan usada, como era la ilustración, hoy en día haya sido sustituida  casi por  completo por la fotografía. Si bien es cierto que la fotografía es más realista, creo que también el uso del dibujo era una técnica que lo hacía mucho más vistoso.

Debemos recordar que es una época donde empieza a hacerse necesaria la diferenciación. Nos encontramos con un período que pasamos de producir en las casas o productos vendidos a granel a ir a una venta y una producción mucho más masiva. Es una época de cambios y de industrialización, donde la marcas empiezan a consolidarse. Por eso se hace necesario la creación de signos distintivos, una imagen que le de mayor seriedad y sofisticación frente al resto de competidores.

Vemos como un sector como la publicidad va adquiriendo fuerza, si bien es cierto que todavía no vemos el carácter persuasivo que existe hoy en día. La publicidad era más estética pura, buscaba más lo bello o artístico. Podemos verlo en pintores como Toulouse Lautrec. 

Chocolates Matías López fue una empresa muy próspera y que cosechó durante un tiempo una gran fama.Matías López dejó una fábrica de 500 trabajadores y una de las 3 chocolateras más importantes de Europa. La fábrica cierra en 1964.

Durante el periodo que estuvo abierta, en manos de los que fueron sus herederos, la publicidad siguió una línea más o menos  parecida. Predominaban las ilustraciones, sin apenas texto.  Podemos poner como ejemplo una publicidad de 1900 que encontramos en un calendario. 

Después de un tiempo fuera del mercado, la marca ha vuelto y se ha aprovechado del recuerdo que había dejado y del respeto que había ido cosechando a lo largo del tiempo, a través de vender un producto de primera calidad. Utilizando un símil podemos decir que ha vuelto a resurgir de sus cenizas cual fénix pero con mucha más potencia. Se ha aprovechado sobre todo de los periódicos, ya que no son pocos los que hablan del retorno del chocolate Matías López como un chocolate gourmet. 

A modo de conclusión podemos dejar una serie de puntos claros:

  • Creo que una de las mejores cosas que podemos hablar de este producto ,y que le llevó a ese gran éxito, es que fue innovador. Se adelantó a vender un producto, no solo de una forma distinta sino a gran escala. Hasta entonces apenas había gente que se dedicara a ello, por lo que supo aprovechar la visión. 
  • No solo eso, sino que estuvo innovando de forma constante. Trayendo nuevos mecanismos que le favorecieron para el desarrollo de su trabajo. 
  • Un producto de excelente calidad, con unas buenas materias primas. Cuando las materias primas que dan forma a los productos son de buena calidad, se hace mucho más fácil su venta.
  • También supo controlar como ninguno el mundo de la publicidad y el marketing. Controlando tanto su target como los materiales que tenía a su alcance para lograr su máximo beneficio. Usando desde el boca a boca a través del cual buscaba generar expectativas, pasando por poner precios competitivos que le dieran una imagen de cercanía y de responsabilidad con su cliente.
  • La venta tanto por toda España, como Europa y América, le hizo adquirir un nombre y una cantidad de premios, donde se reconocía tanto su trabajo como la calidad de sus productos. Por lo que favoreció aún más a otorgarle un nombre y un prestigio.
  • Supo adaptarse a un tiempo donde no solo supo vender un producto, sino además constituir una marca. En un momento donde no había distintivos y donde empezaba a hacerse necesario, él lo hizo realidad.

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